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La docencia y las emociones

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La docencia y las emociones

Resumen

La docencia, como cualquier otra profesión, requiere de compromiso y ardua preparación. Considerada por algunos como una de las tareas más importantes y menospreciada por aquellos que desconocen el arte de educar, creadora de seres humanos y miembros de una sociedad. En la actualidad un docente debe conocer las técnicas y estrategias de tal forma que cada célula del aprendizaje este sabida por él. La tarea de enseñar, en un sentido más amplio, integra no solo aspectos sociales, familiares, de profesionalización o cognitivos, sino que ahora se enfrenta a algo mucho más complicado que a simple vista no se puede ver: las emociones.

Palabras clave: tarea docente, emociones, deserción escolar, clima escolar, modelos de educación.

Las emociones en los últimos tres años han cobrado relevancia en el aprendizaje derivado de la contingencia sanitaria por el virus SARS-CoV-2 y el aislamiento preventivo social, por lo que, educar al día de hoy es diferente, se sabe que, lo que por muchos años en la educación tradicional se quedaba fuera del portón de la escuela, hoy nos acompaña en cada paso que damos: el sentir de miles de alumnos y docentes, ya que, no se podía dejar atrás y entrar al aula discriminando lo que sí y no se puede mostrar; puesto que, nuestro hogar como todo lo demás, a consecuencia de pandemia se convirtió en el salón de clases de todos los días. Desde realidades diversas que muchos docentes desconocían de su estudiantado, los problemas en casa, la falta de recursos económicos, las limitaciones ante el Modelo de Educación a Distancia (MED) y el Modelo Híbrido, hicieron que todos los partícipes del acto educativo volvieran la mirada a lo que en realidad es de relevancia: el bienestar emocional.

Las adaptaciones al nuevo estilo de vida que, obligados por las circunstancias, se tuvieron que realizar han llevado a reorientar lo que se sabe sobre la educación, hoy en día no basta con tomar asiento con un cuaderno y lápiz para empezar a aprender, la distancia nos ha enseñado que es necesaria la interacción y que no cualquier persona tiene las capacidades y habilidades para ser un buen docente, que es necesaria la pedagogía del afecto para entrar en las mentes de los estudiantes y ganarse la confianza que a través de un televisor no se puede ganar. La tecnología a jugado un papel fundamental, las nuevas corrientes pedagógicas son una propuesta muy prometedora para la educación actual, pero ¿Cómo se consigue alumnos motivados dispuestos a prender? la posible respuesta talvez se encuentra en el clima escolar, entendido como el espacio donde se puede sentir agrado y comodidad para aprender a aprender. (Banz, C. 2008)

Los entornos para el aprendizaje, llamados físicos o virtuales, necesitan brindar a los estudiantes una esperanza para continuar, ya que la deserción escolar, específicamente en este periodo, tuvo un alza imposible de superar, en el sector educativo a nivel mundial, más de 1,200 millones de estudiantes dejaron de asistir a clases presenciales, de ellos 160 millones en América Latina (CEPAL/Unesco 2020), para el sistema educativo las bajas matrículas de las escuelas a nivel nacional representan una pérdida de capital económico y cultural, especialmente para aquellas que se encuentran en un entorno rural, la situación que acontece ha dejado a cientos de familias en el fracaso escolar y las posibilidades de algunos para continuar con sus estudios se redujeron tanto que las necesidades básicas se convirtieron en la prioridad.

La docencia, desde este punto, se ha de entender como la tarea que debe mantener la permanencia de los alumnos en el entorno escolar, desde una perspectiva humanizante y pedagógica que comprenda las posibles situaciones que los estudiantes pueden atravesar, actualmente, los niños también sufren de estrés y ansiedad, los miedos y preocupaciones desarrollados en el aislamiento inciden irrefutablemente en el aprendizaje, hay teorías y estudios que afirman que las emociones son un factor determinante para la fijación de un aprendizaje y que cada emoción está profundamente ligada al proceso cognitivo. Subjetivamente, las emociones dependen del lugar donde se encuentre el sujeto y de la sensación que le evoque en ese momento, saber llegar a un aprendizaje se ha convertido en un tema tan complejo e importante que no es suficiente que el docente posea solo alta cultura general, sino que sepa reconocer las necesidades emocionales de sus alumnos, como funciona cada estructura de la mente para poderla trabajar.

Las secuelas del aislamiento se pueden observar de diversas maneras: la empatía, la interacción con los demás y la pérdida del sentimiento de tranquilidad, son algunas de las características que muchas familias por supervivencia tuvieron que ignorar, pues en un lugar donde llevar alimento es la prioridad se vuelve difícil hablar de escolaridad y es ahí donde las emociones juegan su papel fundamental, donde es necesario convencer a la sociedad de que nos necesitamos como comunidad y que un espacio como la escuela puede abrir posibilidades a una nueva calidad de vida, con mejores oportunidades y personas dispuestas a ayudar.

Si se educara con sentido humanista y con conciencia emocional, se formarían alumnos capaces de resolver problemas personales y sociales, lo que potencializaría no solo a su entorno inmediato sino al mundo en general, que un alumno se sienta cómodo, querido, único y valioso en su contexto escolar es la pequeña gran parte de un inicio en el mundo actual.

Conclusiones

La educación necesita una mirada más profunda, revolucionar el pensamiento de las generaciones futuras es una misión importante para los docentes contemporáneos, la cognición va de la mano con las emociones, y que a pesar de la globalización, nos sigue convirtiendo en seres humanos, que es la esencia de los que nos identifica, la vocación y el compromiso por llevar de la mano a aquellos alumnos que con el aislamiento perdieron no solo la libertad y sino también a sus familiares, esto nos hace reflexionar sobre la verdadera tarea docente y el actuar dentro y fuera del aula.

Por: Cinthya Espinoza Huerta

Universidad Hispana campus Huachinango

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